¿cómo funcionan los seguros?

El mundo de los seguros no es tan complicado como parece… aunque a veces nos lo hagan ver así.

Imagina que entre muchas personas hacemos un “fondo común”. Todos ponemos un poco de dinero y, cuando a uno le pasa algo serio —un accidente, una avería grande en casa, un problema de salud— ese fondo le ayuda a pagarlo. Eso es un seguro. Fácil.

El lío empieza cuando nadie lee la letra pequeña. Porque una póliza no es solo “tener seguro”. Es un contrato lleno de límites, condiciones y exclusiones. Y ahí es donde vienen las sorpresas: “esto no entra”, “esto tiene tope”, “esto solo cubre una parte”… Y claro, el disgusto llega cuando más lo necesitas.

Además, muchos seguros no los contratamos porque queramos, sino porque “venían con la hipoteca”, “me lo recomendó el banco”, “me lo hizo un familiar”, “era obligatorio con el préstamo”. Resultado: pagamos cada mes sin saber exactamente qué estamos pagando.

Cuando revisamos las pólizas de nuestros clientes encontramos de todo: casas aseguradas por menos de lo que valen (infraseguro), coberturas duplicadas, garantías inútiles o contratos llenos de grietas invisibles.

Nuestra misión es sencilla: poner orden, explicar en lenguaje normal qué tienes y detectar dónde estás desprotegido. Porque tener muchos seguros no significa estar bien asegurado. Entenderlos, sí.